Resumen
La inteligencia artificial ha cruzado un umbral. Ya no es una tecnología que las empresas estén considerando, sino una que estén implementando activamente, a gran escala y con rapidez . En todos los sectores y regiones, la IA ha pasado de ser un proyecto piloto a formar parte de las operaciones centrales, transformando la forma en que las empresas compiten, cómo trabajan los equipos de seguridad y cómo se gestionan los riesgos.
La cuestión, entonces, ya no es si adoptar la IA, sino cómo adoptarla de manera que los beneficios superen los riesgos. Esta distinción es más importante de lo que parece . Las organizaciones que se apresuran sin las bases adecuadas no solo asumen un riesgo calculado, sino que crean vulnerabilidades de las que quizás ni siquiera son conscientes. La oportunidad es real, al igual que el riesgo. Y la diferencia entre aprovechar una y evitar la otra radica en la premeditación con la que la empresa decide actuar.
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Cambiar las reglas
La magnitud de la adopción de la IA habla por sí sola. Según un estudio de KPMG de 2025, el 86 % de los profesionales brasileños afirma que sus organizaciones ya utilizan IA, y el 71 % reporta mejoras notables en eficiencia, calidad del trabajo y potencial de innovación. En el sector industrial, datos del IBGE muestran que la adopción aumentó del 16.9 % de las empresas en 2022 al 41.9 % en 2024, un incremento del 163 % en tan solo dos años. A nivel mundial, McKinsey informa que el uso de la IA en las operaciones comerciales se ha duplicado desde 2017, y el 63 % de los ejecutivos espera que su inversión en esta tecnología crezca en los próximos tres años. Lo que antes era una tecnología reservada para grandes empresas con amplios presupuestos de I+D, ahora está transformando la dinámica competitiva en industrias de todos los tamaños. En este contexto, no adoptar la IA es en sí mismo una decisión estratégica, y cada vez más costosa.

Las aplicaciones concretas que impulsan estas cifras son variadas y están en constante expansión. Las empresas utilizan el aprendizaje automático, el procesamiento del lenguaje natural y la visión artificial para automatizar tareas repetitivas, procesar grandes volúmenes de datos en tiempo real, mejorar la toma de decisiones y optimizar la experiencia del cliente. Según IBM, las herramientas de IA se aplican en operaciones de TI, ventas, marketing, gestión de la cadena de suministro y ciberseguridad, con resultados cada vez más cuantificables. La encuesta Pintec de IBGE reveló que, entre las empresas que adoptan tecnologías digitales avanzadas, el 90.3 % mencionó una mayor eficiencia y el 89.5 % señaló una mayor flexibilidad en los procesos administrativos y operativos. Estas no son mejoras marginales; representan cambios estructurales en la forma de trabajar.
Por ejemplo, en el ámbito de la seguridad, la IA está impulsando una nueva generación de capacidades: monitorización de amenazas y detección de anomalías, recopilación de inteligencia basada en OSINT, prevención del fraude y respuesta automatizada a los ciberataques . El informe de IBM sobre filtraciones de datos de 2023 reveló que las organizaciones que utilizan ampliamente la IA y la automatización de la seguridad ahorraron un promedio de 1.76 millones de dólares en comparación con las que no lo hicieron, una cifra que hace que sea difícil ignorar las ventajas de la seguridad basada en IA.

Lo que hace que este momento sea particularmente significativo no es solo la magnitud de la adopción, sino también su ritmo. La velocidad a la que las empresas integran la IA en sus operaciones es, en sí misma, una variable que debe gestionarse, y que la mayoría de los marcos organizativos no están diseñados para contemplar. La oportunidad es real. También lo es la diferencia entre avanzar rápido y avanzar bien.
Los riesgos que conlleva la tecnología
La misma aceleración que impulsa la ventaja competitiva también abre puertas que las organizaciones quizás no estén preparadas para cerrar. Cuanto más rápido una empresa adopte la IA sin la estructura adecuada, mayor será la superficie de riesgo que genere y menos probable será que detecte los problemas antes de que se vuelvan costosos.
Las amenazas externas han evolucionado significativamente. La IA ahora es utilizada por actores maliciosos para generar correos electrónicos de phishing convincentes, clonar voces, crear identidades falsas y producir deepfakes: contenido multimedia sintético realista diseñado para engañar, manipular o extorsionar. Estos no son escenarios hipotéticos. Son técnicas documentadas que se aplican en ataques de ingeniería social y esquemas de fraude corporativo. A medida que el crimen organizado y las redes de ciberdelincuentes desarrollan sus propias capacidades de IA, el panorama de amenazas está cambiando de maneras que los marcos de seguridad tradicionales no fueron diseñados para manejar. Las mismas herramientas que ayudan a una empresa a optimizar sus operaciones pueden, en manos equivocadas, volverse en su contra con una sofisticación cada vez mayor.

Las cifras refuerzan la urgencia. El informe de IBM de 2024 sitúa el coste medio global de una filtración de datos en 4.88 millones de dólares. Aún más preocupante: solo el 24 % de las iniciativas de IA generativa cuentan actualmente con medidas de seguridad, lo que significa que la gran mayoría de las empresas que implementan IA lo hacen con importantes fallos de seguridad. La tecnología avanza a un ritmo superior al de las estructuras de gobernanza diseñadas para contenerla.
Los riesgos internos son igualmente importantes, aunque menos visibles. Cuando los sistemas de IA se entrenan con datos sesgados, producen resultados sesgados, con consecuencias que pueden afectar las decisiones de contratación, las evaluaciones crediticias, la elaboración de perfiles de clientes y mucho más. Cuando los empleados utilizan herramientas de IA sin directrices claras, pueden exponer inadvertidamente datos comerciales confidenciales, propiedad intelectual o información personal protegida por las normativas de privacidad. Estos no son casos aislados. Se encuentran entre los problemas más frecuentes que reportan las organizaciones que ya han sufrido un incidente relacionado con la IA. Y cuando nadie dentro de la organización tiene una responsabilidad clara sobre los resultados de la IA, los errores son más difíciles de detectar, atribuir y corregir.
Quizás la brecha más peligrosa sea la que existe entre la concienciación y la preparación. Muchas organizaciones comprenden, a grandes rasgos, que la IA conlleva riesgos. Sin embargo, son muchas menos las que cuentan con la capacidad interna para responder eficazmente cuando algo falla. Reconocer una amenaza es solo el primer paso, y quedarse ahí genera una falsa sensación de seguridad que puede ser más perjudicial que la ignorancia.
Maximizar los beneficios y reducir la exposición
Los riesgos descritos anteriormente no justifican la desaceleración, sino la necesidad de mejorar. Las organizaciones que han adoptado la IA con mayor éxito no son las que actuaron con mayor cautela, sino las que lo hicieron con estructura. La mayoría de las organizaciones que tuvieron dificultades no fracasaron porque la tecnología no fuera la adecuada, sino porque consideraron la adopción como un fin en sí misma, en lugar de una disciplina. Para cerrar la brecha entre la ambición y la responsabilidad, es necesario centrarse en tres áreas interconectadas.
Gobernanza antes de la implementación. El error más común que cometen las empresas es tratar la adopción de la IA como una decisión puramente técnica. No lo es. Es una decisión de gobernanza. Antes de implementar cualquier sistema de IA, una organización debe definir quién es responsable de sus resultados, a qué datos puede y no puede acceder, quién tiene autoridad para intervenir cuando algo sale mal y qué obligaciones regulatorias se aplican . Esto implica crear una política interna de IA, no como una formalidad burocrática, sino como un marco operativo que brinde claridad a todos, desde la dirección hasta los usuarios finales, sobre las reglas de interacción. A medida que los marcos regulatorios como la Ley de IA de la UE comienzan a establecer estándares vinculantes a nivel mundial, contar con esta estructura de gobernanza ya no es solo una buena práctica. Se está convirtiendo cada vez más en un requisito legal. La gobernanza no ralentiza la innovación; la hace sostenible.

Personas y cultura. La seguridad de la tecnología depende de la capacitación de quienes la utilizan. Un sistema de IA sofisticado implementado en un equipo de trabajo sin la formación adecuada para su uso responsable no representa un activo de seguridad, sino un riesgo. La capacitación debe ir más allá de la instrucción técnica. Los empleados deben comprender qué datos nunca deben ingresarse en una herramienta de IA, cómo identificar manipulaciones generadas por IA, como intentos de phishing o deepfakes, y qué hacer ante cualquier actividad sospechosa. Igualmente importante es crear una cultura donde se fomente, en lugar de penalizar, la expresión de inquietudes sobre el uso de la IA. La concientización sobre seguridad no es un módulo de incorporación único, sino una práctica continua que evoluciona a la par del panorama de amenazas. Las organizaciones que fomentan esta cultura son las que detectan los problemas a tiempo.
Supervisión continua. Implementar una herramienta de IA es solo el comienzo, no el final. Los modelos se desvían, el panorama de amenazas cambia y las necesidades del negocio evolucionan, lo que implica que los sistemas de IA deben ser monitoreados, evaluados y ajustados continuamente. Esto requiere establecer ciclos de revisión periódicos, definir métricas de rendimiento y seguridad desde el principio y crear mecanismos de retroalimentación entre los equipos que utilizan la IA y los responsables de su gobernanza. Las empresas que consideran la adopción como un proyecto de implementación único tienden a detectar los problemas de forma reactiva. Aquellas que integran la supervisión continua en su modelo operativo tienden a detectar y corregir los problemas antes de que se agraven.
Estos tres ejes no son secuenciales; trabajan en conjunto. La gobernanza define las reglas; la cultura garantiza su cumplimiento; la supervisión continua asegura su relevancia. Juntos, conforman la infraestructura que permite a una empresa avanzar rápidamente en IA sin perder el control de su rumbo.
Conclusión
Existe una forma de adoptar la IA que genera una ventaja competitiva real, y otra que crea la ilusión de ella mientras acumula riesgos silenciosamente. La diferencia entre ambas rara vez radica en la tecnología elegida, sino en si la organización que la implementa se tomó el tiempo necesario para plantearse las preguntas más difíciles antes de actuar con rapidez.
Las empresas que liderarán esta próxima fase no son necesariamente las que tienen los mayores presupuestos para IA ni los plazos de implementación más ambiciosos. Son aquellas que resistieron la tentación de separar la velocidad de la responsabilidad y comprendieron desde el principio que ambas son complementarias. Una organización que gobierna bien, capacita de forma sistemática y supervisa continuamente no avanza más lento que sus competidores. Avanza de forma acumulativa: cada iteración se construye sobre una base sólida, en lugar de una que se erosiona silenciosamente.
Esto también requiere un cambio cultural a nivel de liderazgo. Durante demasiado tiempo, la seguridad y la innovación se han tratado como prioridades contrapuestas: una atribuida al equipo de riesgos y la otra al de crecimiento. La IA hace que esta división sea insostenible. El mismo sistema que automatiza un proceso empresarial puede ser explotado si no se protege adecuadamente. El mismo modelo que acelera la toma de decisiones puede generar sesgos si no se analiza. Los líderes que interiorizan esto no solo gestionan el riesgo, sino que crean las condiciones para que la innovación sea sostenible.
La adopción de la IA no va a disminuir. Las organizaciones que la aborden con ambición y disciplina, considerando la seguridad no como una barrera sino como la infraestructura que posibilita decisiones audaces, serán las que mantendrán una posición ventajosa cuando llegue la próxima ola. Quienes no lo hagan, descubrirán que los riesgos que optaron por ignorar tienden a agravarse, al igual que la oportunidad que perseguían.



