El gobernador de Río de Janeiro, Cláudio Castro (PL), anunció el inicio de una operación en todo el estado para desmantelar las barricadas levantadas por el narcotráfico en las favelas, estructuras que se han convertido en uno de los símbolos más claros del dominio territorial del crimen organizado. La iniciativa fue lanzada el jueves (13/11) durante una reunión con alcaldes de las tres regiones más afectadas por el tema: Baixada Fluminense, la capital, y la zona este del estado, incluyendo São Gonçalo, Itaboraí y ciudades cercanas. La acción se produce poco después de la gran operación policial que dejó 121 muertos en los complejos de Alemão y Penha el 28 de octubre.. El programa se inspiró en una medida similar implementada en Belford Roxo, en la Baixada Fluminense.
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¿Qué son?
Las barricadas suelen ser construidas por grupos criminales utilizando vehículos quemados, piedras, barriles, montones de basura e incluso segmentos de vías de tren. Estas estructuras obstruyen el movimiento de millones de personas y forman un elemento central de la estrategia de control territorial utilizada por las facciones armadas, impidiendo o retrasando la entrada de las fuerzas de seguridad. Su desmantelamiento involucra a cuatro secretarías estatales —Medio Ambiente, Infraestructura, Ciudades y Agricultura—, que proporcionan la maquinaria y los equipos necesarios. Unidades policiales acompañan las obras para garantizar la seguridad. Una vez desmanteladas, las trincheras y los agujeros creados por los traficantes se rellenan con hormigón y asfalto para evitar su reconstrucción.
Aviso de operaciones
Según el gobierno estatal, la retirada de las barricadas sirve como advertencia inicial a los grupos criminales. En caso de reconstrucción de estas estructuras, las autoridades planean llevar a cabo operativos más contundentes con la participación de unidades policiales de élite como el Batallón de Operaciones Especiales (BOPE) y la Coordinación de Operaciones Especiales (CORE). El objetivo es liberar a los residentes de lo que las autoridades describen como un "imperio del miedo" impuesto por el crimen organizado. El gobierno cree que el importante operativo llevado a cabo dos semanas antes puso a las facciones a la defensiva por primera vez en años.
Ubicaciones críticas
Datos de la Policía Militar indican que hasta octubre se retiraron 4,400 toneladas de escombros y se limpiaron 2,300 calles. Las denuncias sobre barricadas realizadas a la línea de denuncia anónima aumentaron un 50.5% entre enero y octubre en comparación con el mismo período de 2024, pasando de 6,908 a 10,393 denuncias. Aunque el problema afecta a toda la Región Metropolitana, las autoridades consideran que la situación es más grave en São Gonçalo y São João de Meriti, donde grupos armados y disputas territoriales generan una mayor concentración de obstrucciones. São Gonçalo, controlada en gran medida por el Comando Rojo (CV), representó el 34.12% de las denuncias presentadas en 2025, seguida de Rio y São João de Meriti. En 2024, São Gonçalo ocupó el tercer lugar, detrás de Río y São João de Meriti.
Mentor de barricadas
Una nueva etapa de la “Operación Contención” se lanzó el martes (18/11), centrada en contrarrestar el avance territorial del Comando Rojo. Según la Policía Civil, el objetivo es debilitar la red financiera y logística de la facción. Uno de los El objetivo era el individuo conocido como el “Mentor de las Barricadas”, responsable de financiar y suministrar los materiales utilizados para construir las barreras. La policía informó del arresto de 21 personas. El "Mentor de las Barricadas" fue identificado como Cosme Rogério Ferreira Dias, quien afirmó ser empresario del sector del reciclaje, pero, según los investigadores, actuó como operador financiero de la organización criminal, realizando lavado de dinero y brindando apoyo logístico al narcotráfico. Las investigaciones indican que parte de los fondos utilizados para la construcción y el mantenimiento de las barricadas provino de la recepción y reventa de cobre y otros metales robados.
Análisis:
La iniciativa estatal para eliminar las barricadas en Río de Janeiro marca un avance significativo en la estrategia del gobierno para enfrentar el dominio territorial del crimen organizado. Estas obstrucciones son más que simples barreras físicas; simbolizan la capacidad de las facciones armadas para controlar la movilidad, limitar la presencia estatal y dictar la vida cotidiana en comunidades enteras. Al coordinar múltiples secretarías estatales con unidades policiales, el gobierno busca desmantelar no solo las estructuras visibles, sino también las rutinas logísticas que sustentan la influencia criminal.
La limpieza de calles y el relleno de trincheras sirven tanto como medida práctica como mensaje político: el Estado pretende reafirmar su autoridad donde históricamente ha sido cuestionada. La decisión de desplegar unidades de élite como el BOPE y el CORE en los casos en que se reconstruyen las barricadas demuestra que el gobierno se prepara para una confrontación sostenida, especialmente en municipios como São Gonçalo y São João de Meriti.
Fuentes: Extra [1], [2], [3]; El Globo [1], [2]; A Folha de SP [1], [2].



