El gobierno del estado de Río de Janeiro lanzó una subasta electrónica para adquirir 80 sistemas antidrones. El equipo será utilizado por la policía civil y militar, así como por la Secretaría de Administración Penitenciaria (SEAP). La inversión estimada es de aproximadamente R$ 27 millones. Los sistemas antiaéreos no tripulados (C-UAS) están destinados a combatir el crimen organizado, que cada vez utiliza más drones para la vigilancia ilegal y el transporte de drogas., armas y teléfonos celulares a las cárceles, intimidando a las autoridades, e incluso lanzar explosivos y granadas.
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Los criminales ya utilizan drones
En un estudio técnico preliminar, el gobierno estatal citó el creciente uso de drones por parte de grupos criminales como una de las principales justificaciones para la adquisición. Según el documento, facciones en Río de Janeiro ya emplean aviones no tripulados para monitorear operaciones policiales en tiempo real, transportar armas, drogas y teléfonos celulares e incluso mapear el movimiento de las fuerzas de seguridad. Las autoridades también temen que estos drones puedan pronto ser utilizados para lanzar dispositivos explosivos contra Agentes de Seguridad Pública (ASP) y sus vehículos, exponiendo aún más al personal a riesgos que amenacen su vida.
Caso reciente
En julio, un dron pilotado por delincuentes del Comando Vermelho (CV) grabó un convoy de hombres fuertemente armados pasando justo frente a un vehículo de la Policía Militar en la comunidad de Catiri, en la Zona Oeste de Río. Las imágenes, que posteriormente circularon en redes sociales y aplicaciones cifradas, no solo expusieron la capacidad de monitoreo en tiempo real del crimen organizado, sino que también sirvieron como demostración de intimidación y dominio territorial. Según la policía, el caso ilustra cómo las facciones combinan cada vez más la potencia de fuego con la tecnología. Además de facilitar los operativos, estas grabaciones refuerzan la percepción de impunidad y fortalecen el control criminal en zonas frágiles donde la presencia del Estado es limitada.
G20
El gobierno también mencionó la cumbre del G20 como un ejemplo de la importancia de la tecnología. A pesar de las restricciones del espacio aéreo, se detectaron drones no autorizados en zonas seguras, pero fueron neutralizados por sistemas C-UAS. Estos sistemas resultaron cruciales para detectar e interrumpir las operaciones de drones hostiles, impidiéndoles acercarse a lugares sensibles y poniendo en peligro la seguridad de las autoridades y los participantes. Sin estos sistemas, estos drones podrían haberse utilizado para espionaje, transporte de objetos peligrosos o incluso para llevar a cabo ataques coordinados, con consecuencias potencialmente graves para el evento.
Los usos principales
Entre las principales aplicaciones de los nuevos sistemas se encuentran:
- Prevenir el acceso a artículos prohibidos:Detener el envío de armas, drogas, explosivos y teléfonos celulares a las cárceles.
- Protección::mejorar la seguridad de las autoridades y del público en general durante operaciones y grandes reuniones.
- Minimización de riesgos:reduciendo la posibilidad de colisiones, interrupciones y daños a la propiedad causados por personas no autorizadas.
Análisis:
La decisión del gobierno del estado de Río de Janeiro de invertir casi R$27 millones en sistemas antidrones refleja una respuesta urgente a la creciente sofisticación tecnológica del crimen organizado. El uso de drones por parte de facciones para vigilancia, contrabando e intimidación ya ha dejado de ser una experimentación para convertirse en una práctica rutinaria, lo que genera nuevos desafíos para las fuerzas del orden y la administración penitenciaria.
La distribución planificada de estos sistemas entre la Policía Civil, la Policía Militar y el SEAP sugiere un intento estratégico por cubrir tanto las operaciones de seguridad externa como las vulnerabilidades internas de las prisiones. Sin embargo, su eficacia dependerá de una capacitación adecuada, la integración con las unidades de inteligencia y el monitoreo continuo para adaptarse a las contramedidas contra la delincuencia. Para Río, donde las disputas territoriales y el crimen organizado siguen arraigados, esta inversión representa no solo una actualización tecnológica, sino un paso necesario para reafirmar la autoridad del Estado ante las amenazas en constante evolución.



