El Ministerio Público de Río de Janeiro (MPRJ) inició la Operación Naufragio el jueves (25/04), contra la milicia que actúa en la comunidad de Bateau Mouche, en Praça Seca, Zona Oeste, perteneciente a Bonde do Zinho. Entre los investigados se encuentran un oficial de registro de la Policía Civil y dos policías militares. El MPRJ afirma que estos agentes de seguridad proporcionaron material militar desviado de incautaciones e incluso uniformes a delincuentes.
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Oficial falso
Otro sospechoso es un hombre que se hizo pasar por policía civil y, según las investigaciones, permaneció dentro de comisarías, utilizando arma, uniforme y placa, y participó en operativos en un vehículo oficial. El MPRJ afirma que este falso agente tiene contactos con varias unidades policiales y con el Departamento de Asuntos Internos de la corporación.
Valores inadecuados
Según Gaeco, el los milicianos pagaron sobornos para que los primeros ministros proporcionaran información privilegiada y para que los agentes de la policía civil no los molestaran con investigaciones y operaciones.
Batallón responsable de la Plaza Seca
Responsable de la vigilancia en zonas de disputa territorial entre narcotraficantes del Comando Rojo y milicianos, el El Batallón 18 de la Policía Militar (Jacarepaguá) sufre problemas, entre ellos la falta de fusiles y de seguridad para almacenar armas y municiones.
Falta de 15,500 municionesUna encuesta encontró que el 18.º batallón tenía 15,500 proyectiles menos de los indicados en el Sistema de Artillería (SistMatBel), sistema de control online utilizado por la corporación. Son casi 8,000 balas de una pistola calibre .40 y 3,000 de un rifle calibre 7.62 que aparecen en la herramienta digital, pero que no se encuentran en el cargador de la unidad.
Análisis:
La Operación Naufragio expone una intrincada red de corrupción y colaboración criminal entre agentes de seguridad pública y milicianos en la comunidad de Bateau Mouche, en Praça Seca. Este incidente ilustra la complejidad de las relaciones entre grupos criminales, como la milicia y el Comando Rojo, y las instituciones policiales. La presencia de la milicia en Praça Seca, una zona históricamente disputada entre milicianos y narcotraficantes del Comando Vermelho, refleja la fragmentación del poder territorial en la ciudad.
La participación de miembros de la Policía Civil y Militar en este esquema compromete la integridad de las instituciones encargadas de combatir el crimen. La posibilidad de desvío de material de guerra hacia grupos criminales, como lo demuestra la falta de más de 15,000 municiones registradas en el sistema de control del 18 BPM, no sólo aumenta la capacidad letal de las milicias sino que también incrementa los conflictos territoriales.



